La cifra de setecientos partidos arbitrados en la Liga Endesa es reflejo de la constancia y compromiso con el juego que caracteriza la carrera de Francisco Araña.El juez llegará a este hito sin la motivación con la que empezó, si no hubiera imaginado hasta dónde podía llegar.
Su vinculación con el juicio nació de forma sencilla y casi accidental.En el torneo de barrio, por falta de árbitros, tuvo que tomar el silbato."Allí nadie entendía que era necesario un juez, así que me tocó a mí empezar a soplar", recuerda.Aquella experiencia despertó algo más profundo: “Me gustó mucho el ambiente, la forma de vivir el baloncesto desde dentro”, hasta que pasó a formar parte de su vida.
Arana recuerda que aquellos primeros años le dejaron una huella imborrable.Incluyeron muchos viajes, vestuarios compartidos y formación práctica, que marcaron una etapa que aún hoy reivindica: "Aprendimos siendo árbitros y viviendo el juego desde dentro".
El 15 de octubre de 2000, en el Pabellón Fuente de San Luis (Valencia), se produjo su salto definitivo a la máxima categoría del baloncesto español.Según él, este es uno de esos momentos que serán recordados para siempre.“Para mí fue un sueño hecho realidad”, admite recordando aquella primera vez rodeado de tanta gente y experimentando nuevas emociones.
El recuerdo de aquel partido trascendió los 40 minutos de juego, y recibió un regalo que recordará el resto de su vida: "El gran Martín Labarta, que en paz descanse, me trajo el balón del partido, firmado por sus compañeros y entrenadores. Este detalle lo llevo siempre conmigo", admite alegre Francisco.
A lo largo de los años, Arana ha visto cómo los árbitros y el propio baloncesto han cambiado."Ha evolucionado mucho", afirma, destacando la necesidad de profesionalidad, preparación física y mental, y la necesidad de adaptarse a un juego cada vez más rápido y exigente."Los árbitros están más preparados y eso nos empuja a mejorar constantemente".
Y en el camino la gente ha sido decisiva.De compañeros a entrenadores, pero hay recuerdos que van más allá del profesionalismo.Sobre todo cuando sus padres le prestaron sus ahorros en 1992 para ir a un campus de jueces en Estados Unidos: "Fue allí donde comencé a pensar que algún día podría convertirme en juez profesional", admite con emoción.
Después de muchos partidos, Araña tiene claro que el árbitro no sólo hace cumplir las reglas: "La principal tarea del árbitro es dictar el partido, sino gestionar a las personas, comunicar y transmitir confianza. En un mundo de extrema presión, mantener la armonía y el equilibrio sigue siendo uno de los mayores retos".
Como en toda carrera, hay anécdotas divertidas que merecen ser recordadas.Durante los playoffs de la temporada pasada, Aranya estaba haciendo la maleta y sin darse cuenta, se le cayó la bolsa de pitos.Cuando llegó al camerino y lo abrió, descubrió el olvido.Afortunadamente, un colega se lo prestó.Aranya explica que lo extraño es que ese silbato se lo dio a su compañero hace unos años, con motivo de su retirada como árbitro internacional.
Hoy, lo que lo mantiene en marcha es el significado de todos los tiempos: “Seré el activo más valioso.
