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El genoma rebelde: cómo los virus primitivos aceleran la invasividad del cáncer

El genoma rebelde: cómo los virus primitivos aceleran la invasividad del cáncer

Estos son los llamados genes pop-up, cuyo descubrimiento ha pasado desapercibido El genoma traidor: cómo un virus antiguo acelera el cáncer El cáncer es la paradoja de la vida: un mecanismo biológico que, llevado al extremo, se vuelve contra su...

El genoma rebelde cómo los virus primitivos aceleran la invasividad del cáncer

Estos son los llamados genes pop-up, cuyo descubrimiento ha pasado desapercibido

El genoma traidor: cómo un virus antiguo acelera el cáncer

El cáncer es la paradoja de la vida: un mecanismo biológico que, llevado al extremo, se vuelve contra su huésped.Cada tumor no es sólo un crecimiento descontrolado, sino un maestro del caos genético que reordena el ADN humano a su favor, desafiando la supervivencia del organismo que lo alberga.Ahora, un estudio publicado en Science muestra que detrás de esta mutabilidad se encuentran viejos "virus domesticados" llamados genes saltadores, capaces de saltar de un cromosoma a otro y sembrar inestabilidad en el genoma.Lo que antes se consideraba un remanente inerte de nuestra historia evolutiva resulta ser un impulsor activo del cáncer.

Los biólogos saben desde hace años que casi la mitad del genoma humano está formado por secuencias repetitivas y móviles.Pero no fue hasta que Barbara McClintock ganó el Premio Nobel en 1983 que los genes saltarines comenzaron a recibir la atención que merecían.Estos fragmentos de ADN (restos de virus que infectaron a nuestros antepasados ​​hace millones de años) tienen la sorprendente capacidad de copiarse a sí mismos y volver a insertarse en el genoma.Su actividad puede alterar la estructura de los cromosomas, provocando duplicaciones, inversiones o transposiciones que favorecerían la progresión tumoral.

Saltarse genes: caos programado

Un equipo liderado por José Tubío, del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas de la Universidad de Santiago de Compostela, demostró que uno de estos elementos, la Línea-1 (L1), es clave en tumores de pulmón, colon y cabeza y cuello.Gracias a la nueva tecnología de secuenciación de ADN a largo plazo, que puede leer continuamente hasta 100.000 letras químicas, los científicos siguieron más de 6.400 "saltos" L1 en los tumores estudiados, identificando 152 eventos que causan cambios estructurales significativos.

"El 65% de estos cambios se encuentran en las primeras etapas del tumor, lo que demuestra que la actividad L1 no es una consecuencia, sino una causa de la inestabilidad genómica que conduce a muchos cánceres", explica Tubio.Así, los genes saltadores dejan de ser sólo un artefacto genético y pasan a ser protagonistas del tumor y de la agresividad.

Transmisión recíproca: mutación letal

Entre los hallazgos más sorprendentes está la identificación de saltos simultáneos de dos L1 que provocan translocaciones mutuas."Es como si se rompieran dos páginas de un libro y se intercambiaran fragmentos, y el elemento L1 actuara como pegamento entre ellos", describe Bernardo Rodríguez Martín, del Centro de Regulación Genómica de Barcelona.Este tipo de cambio puede activar oncogenes o desactivar genes supresores de tumores, acelerando la progresión del cáncer y complicando su tratamiento.

Un mecanismo prevenible

Aunque los genes saltadores pueden parecer insuperables, Tubío señala que existen estrategias para detener su actividad.Al igual que los retrovirus como el VIH, L1 utiliza la enzima de transcripción inversa para replicarse.Algunos fármacos antivirales en desarrollo, como el fármaco experimental TPN-101, bloquean este mecanismo y están siendo probados en enfermedades neurodegenerativas y procesos relacionados con el envejecimiento.En el futuro, se espera que un enfoque similar reduzca la agresividad de algunos tumores.

El descubrimiento revela una paradoja de la biología humana: elementos que han sido importantes para nuestra evolución y diversidad genética pueden extinguir la vida en ciertos contextos.Los genes de salto permiten que nuestro sistema inmunológico produzca diversos anticuerpos y combata infecciones, pero cuando se activan sin control, se convierten en semillas de enfermedades.Como subraya Ignacio Varela, bioquímico de la Universidad de Cantabria, "comprender estos procesos es importante para la detección temprana de tumores y el desarrollo de tratamientos eficaces".

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